Un fantasma recorre los pasillos de las tiendas: la IA en los supermercados eliminará miles de puestos de trabajo. Sin embargo, Juan Manuel Saravia, fundador de Ohla AI, empresa especializada en eficiencia operativa para grandes multinacionales de consumo masivo, disipa ese temor con cifras y una perspectiva.
“Todo lo contrario”, afirmó Saravia en una entrevista con la revista Abasto. “Lo que hará la inteligencia artificial es volver sustancialmente más eficientes a las personas que hoy surten los estantes”.
Diez años de margen, al menos
El ejecutivo fue categórico durante su presentación en el 4th Latin Consumer Summit, celebrado en Miami: los robots no reemplazarán a los trabajadores que abastecen las estanterías en un horizonte cercano. Según su estimación, faltan entre 10 y 15 años para que esa transición ocurra de forma masiva.
Mientras tanto, la IA en los supermercados actuará como un amplificador del talento humano. Las tareas repetitivas y absolutamente automatizables, que hoy consumen valiosas horas de los equipos en campo, cederán su lugar a procesos inteligentes. El trabajador no desaparece; evoluciona.
Millones en juego en cada estante
Detrás de cada paquete de tortillas o de cada lata de atún que el consumidor toma del estante, hay una operación multimillonaria. Las empresas de consumo masivo destinan recursos enormes para garantizar que los productos estén en el lugar correcto, en el momento correcto.
Saravia subraya que la IA en los supermercados puede transformar radicalmente esa dinámica: ahorrar tiempo, reducir errores y optimizar los recursos que mueven esa cadena invisible entre el fabricante y el carrito de compras.
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El primer paso: conocer tus procesos
Entonces, ¿por dónde empiezan los dueños de tienda y los directores de operaciones? La respuesta de Saravia es sorprendentemente sencilla: pregunten.
“Hagan una lista de los procesos que hoy ejecutan y cuantifiquen cuántas horas se dedican a cada uno”, recomienda. Solo así, dice, es posible identificar qué se puede eliminar, qué se puede optimizar y qué se puede automatizar.
Sin ese mapa claro, cualquier inversión en tecnología corre el riesgo de convertirse en un gasto sin retorno.
La transición ya comenzó
La IA en los supermercados no es una promesa del futuro; es una realidad del presente que los tenderos más competitivos ya incorporan a sus operaciones. La ventana para prepararse está abierta, pero no permanecerá así indefinidamente.
El consejo de Saravia no exige grandes presupuestos ni conocimientos técnicos para comenzar. Exige algo más difícil: la voluntad de mirar hacia adentro, entender cómo funciona realmente el negocio y actuar antes de que otros lo hagan.

