El poder adquisitivo mejora, pero los hábitos no cambian

El poder adquisitivo en el supermercado por fin comienza a recuperarse, pero los consumidores no sueltan la calculadora. Esa es la conclusión central de un nuevo informe de Acosta Group, una agencia de ventas y marketing con sede en Jacksonville que atiende a las industrias de alimentos y de bienes de consumo.

El recién lanzado Acosta Group Affordability Tracker mide la asequibilidad de los alimentos al comparar el costo de una compra típica de abastecimiento con el salario medio por hora en Estados Unidos. La primera edición revela una desconexión que podría cambiar la forma en que minoristas y marcas piensan el próximo año: los salarios están alcanzando a los precios, pero el comportamiento del consumidor todavía no reacciona a esa buena noticia.

Una compra de provisiones sigue costando más

Según Acosta Group, su “Typical Stock-Up Trip”, una canasta de 84 artículos de comestibles y productos del hogar de uso común, ahora cuesta más de $366. Eso representa aproximadamente un 27% más que el costo de la misma canasta en 2020.

La asequibilidad de los alimentos tocó su punto más bajo en 2023, según Acosta Group, y desde entonces se ha ido recuperando. El crecimiento salarial superó a la inflación de alimentos en varios tramos de esa recuperación, recuperando parte del poder adquisitivo que los hogares perdieron durante el período inflacionario.

Aun así, los precios no bajaron: simplemente dejaron de subir tan rápido como los sueldos. Esa diferencia importa, y está marcando la forma en que los consumidores se mueven dentro de la tienda.

El comportamiento no acompaña la mejora

Aquí es donde la historia se vuelve interesante. A pesar del repunte en la asequibilidad, los consumidores siguen recortando cupones, persiguiendo promociones y examinando cada compra con la misma intensidad que durante lo peor del periodo inflacionario, según los hallazgos de Acosta Group.

Ese patrón rompe con la historia reciente. En recuperaciones económicas anteriores, los hábitos impulsados por el presupuesto tendían a desaparecer una vez que las condiciones mejoraban. Esta vez, los datos sugieren que se instaló algo más duradero.

“La implicación más importante podría ser que la mejora en el poder adquisitivo de los alimentos, por sí sola, no parece estar revirtiendo muchos de los comportamientos de compra que los consumidores desarrollaron durante el período inflacionario”, dijo Colin Stewart, vicepresidente ejecutivo de Inteligencia de Negocios de Acosta Group. Los consumidores se adaptaron a un mercado de precios más altos, agregó, y esas adaptaciones parecen haber llegado para quedarse.

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Por qué la recuperación del poder adquisitivo se está frenando

El rastreador de Acosta Group también señala un cambio de ritmo. Las fuertes ganancias en asequibilidad registradas entre 2023 y 2025 parecen estabilizarse, y el informe anticipa avances más graduales de aquí en adelante.

Mientras tanto, el gasto en el supermercado no ocurre en el vacío. La vivienda, los seguros, la salud y el transporte siguen consumiendo una parte importante de los presupuestos familiares, según Acosta Group. Esto ayuda a explicar por qué muchos consumidores todavía se sienten económicamente ajustados aunque su dinero rinda más en el supermercado.

Esa presión financiera más amplia, más que el pasillo del supermercado en sí, podría ser lo que mantiene arraigado el comportamiento de búsqueda de valor.

Qué significa esto para minoristas y marcas

Para los operadores de supermercados y las marcas de alimentos, la conclusión implica ajustar las expectativas. Esperar a que los consumidores “vuelvan” a sus hábitos previos a la inflación, en cuanto los precios se estabilicen, ya no parece una apuesta segura, según el análisis de Acosta Group.

En cambio, Stewart sugirió que el crecimiento futuro dependerá de comprender cómo cambiaron de manera permanente las expectativas de valor de los consumidores. No de asumir un regreso a los patrones de gasto anteriores.

“Como la asequibilidad sigue dominando las conversaciones entre consumidores, minoristas y responsables de políticas públicas, quisimos dar un paso atrás y examinar el tema desde una perspectiva distinta”, dijo Stewart, al explicar la motivación detrás del nuevo rastreador.

Una mirada recurrente al poder adquisitivo

Este informe inaugural marca la primera entrega de lo que Acosta Group planea convertir en una serie de investigación continua. Las próximas ediciones seguirán midiendo la asequibilidad, el poder adquisitivo y la evolución de las percepciones de valor en el sector de alimentos.

Para una industria que todavía navega las secuelas del período inflacionario, ese tipo de medición sostenida podría resultar valiosa: les daría a minoristas y marcas una lectura más clara de hacia dónde se dirige realmente el sentimiento del consumidor, más allá de lo que sugieren las cifras en bruto.