Retail Academy: el nuevo carrito de compras

Durante años, el minorista ha organizado sus tiendas pensando en categorías. Grocery por un lado, surtido hispano por otro, internacional en una esquina, marca privada separada y los vegetales, carnes, deli, funcionando casi como un negocio independiente dentro del supermercado. Pero ahora las tiendas viven una nueva realidad con un consumidor que selecciona de forma muy diferente los productos que añade a su carrito de compras.

El cliente ya no compra por categorías y aquí está uno de los mayores errores que sigo viendo en muchos supermercados independientes. Seguimos organizando las tiendas para un consumidor que ya cambió.

No hace falta un gran estudio para entenderlo. Basta con quedarse unos minutos observando los carritos de compras en la caja. Hoy, en una misma compra, conviven tortillas con pan artesanal, yogurt griego con crema centroamericana, productos ready-to-eat, frutas frescas, snacks, productos de marca privada y referencias internacionales.

La nueva realidad

Los clientes ya no compran por “mundos separados”; compran resolviendo su semana, su familia, su presupuesto y su tiempo. Con esa mentalidad llenan sus carritos de compras.

Aunque muchos todavía hablan del consumidor multicultural como si fuera un segmento adicional, la realidad es otra. Ya se convirtió en parte del consumo general en los supermercados estadounidenses.

El cliente de hoy mezcla hábitos, cultura, formatos y ocasiones de consumo con absoluta naturalidad y lo vemos todos los días: clientes no hispanos comprando productos tradicionalmente latinos. Familias multiculturales que combinan referencias de distintos países en una misma cesta.

Tenemos nuevas generaciones creciendo sin esas barreras de compra que durante años el minorista intentó segmentar.

Y es que el cliente ya integró su compra. La pregunta es si la tienda también lo hizo, porque aquí surge un problema que pocas veces se dice claramente: muchos supermercados todavía gestionan categorías como si estuviéramos en 2015.

Artículo Relacionado: el retail multicultural como la nueva base del negocio

El arte del manejar los espacios

Muchos minoristas creen que tienen un problema de ventas, cuando en realidad tienen un problema de asignación de espacio y esto no es un tema de tamaño de tienda. Es un tema de lectura de las necesidades de nuestros clientes.

El nuevo carrito de compras nos está dejando señales muy claras sobre dónde está hoy la recurrencia y la relevancia.

Los departamentos de productos agrícolas frescos siguen siendo uno de los principales motores de tráfico. El cliente sigue dispuesto a cambiar de tienda por la calidad, la percepción de frescura y la ejecución.

Conveniencia y surtido marcan la pauta

La conveniencia también pesa más que nunca. Las soluciones listas para consumir, formatos familiares, productos fáciles de preparar y propuestas de valor claras empiezan a definir muchas decisiones de compra.

Mientras tanto, la marca privada está dejando de ser solo una herramienta de margen. Cada vez más, se convierte en una herramienta de fidelización y de percepción de valor.

Pero probablemente el mayor cambio se está dando en el surtido multicultural. Ya no se trata de crear una “sección hispana”; ese modelo empieza a quedarse corto. Hoy hablamos de integración real, de entender qué categorías deben convivir dentro de la compra natural del cliente.

Por lo tanto, el error no es no tener un surtido multicultural. El error es seguir viéndolo como algo separado del resto de la tienda. Aquí, el minorista independiente todavía tiene una ventaja enorme: puede adaptarse más rápido, leer mejor a su comunidad, ajustar surtidos sin la burocracia de las grandes corporaciones y reaccionar antes.

Pero esa ventaja solo existe si se toma una decisión incómoda: cuestionar cómo está realmente organizada la tienda, dado que el consumidor ya tomó una decisión. Cambió su forma de comprar, mientras la competencia ya ajusta sus formatos. Lo que ahora se elige para llenar el carrito de compras ya nos indica hacia dónde va el negocio.

La única pregunta pendiente es: como minoristas, ¿estamos dispuestos a escucharles?