Por primera vez en 21 años, la comodidad o conveniencia desplazó a la salud como motor de las decisiones alimentarias de los estadounidenses. Así lo confirma la encuesta 2026 Food & Health Survey, elaborada por el International Food Information Council (IFIC), que este año incluyó también una muestra canadiense para comparar patrones de consumo entre ambos países.
El hallazgo llega en un momento de presión económica, cambios acelerados en el flujo de información y creciente influencia del movimiento Make America Healthy Again (MAHA), que está redefiniendo qué significa “comer saludable” para el consumidor promedio.
Un giro sin precedentes en dos décadas
Durante dos décadas, el orden se mantuvo estable: sabor, precio, salud, comodidad y sostenibilidad ambiental. Ese equilibrio se rompió este año. El sabor sigue liderando con 88%, seguido del precio con 78%. Pero la comodidad (61%) superó a la salud (56%) por primera vez en la historia del estudio. La sostenibilidad ambiental, con 30%, continúa en el último lugar.
“Cada año la encuesta nos muestra dónde está realmente el público”, explicó la presidenta y directora ejecutiva de IFIC, Wendy Reinhardt Kapsak. Según ella, la definición de “saludable” ya no se limita a la nutrición, sino que incorpora frescura, naturalidad y grado de procesamiento.
Este cambio no es casual: la vida acelerada y las prioridades económicas están empujando a los consumidores hacia opciones más prácticas, aunque eso implique restar peso a la salud en la balanza de decisiones.
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“Fresco” recupera el trono
Al preguntar qué hace que un alimento sea saludable, “fresco” volvió a ocupar el primer lugar con 40 %, mientras que “bajo en azúcar” salió del top tres por primera vez. Le siguen “buena fuente de proteína” (33 %), “buena fuente de nutrientes” (31 %), “bajo en azúcar” (29 %) y “natural” (28 %).
Desde 2022, los criterios que más crecen apuntan hacia los ingredientes y el procesamiento. La categoría “sin ingredientes ni conservantes artificiales” subió diez puntos, según Kris Sollid, director sénior de Investigación e Insights de Consumidor en IFIC. Para Sollid, esto no resta importancia a los nutrientes, pero sí evidencia que el consumidor ahora superpone nuevas preguntas: ya no solo pregunta cuánta azúcar contiene un producto, sino también qué tipo de ingredientes lleva y cuánto procesamiento ha recibido.
La nueva pirámide, muy vista pero poco comprendida
A tres meses de su lanzamiento, el 83% de los estadounidenses ya vio la nueva Pirámide Alimenticia, un salto frente al 76% y 77% que reportó familiaridad con MyPlate en 2024 y 2025, respectivamente. Sin embargo, solo el 54% afirma conocerla “bastante bien”, una cifra casi idéntica a los años anteriores. El conocimiento de las Guías Alimentarias que sustentan la pirámide apenas llega al 42%.
Sollid advierte sobre esta brecha entre visibilidad y comprensión real, ya que ver un gráfico no garantiza que el consumidor mejore su alimentación ni adopte sus principios.
“Ultraprocesado”, la palabra del momento
El término “ultraprocesado” se instaló en el lenguaje cotidiano. El 52% de los estadounidenses dice conocerlo, ocho puntos más que en 2025 y veinte más que en 2024. Para identificar si un producto entra en esa categoría, el consumidor recurre primero a la lista de ingredientes (56%) y a la etiqueta nutricional (51%). Cada vez más, también confía en su propio criterio, en la inteligencia artificial o en la opinión de familiares y amigos.
Para la industria de supermercados y alimentación, estos datos anticipan un consumidor más exigente, informado a medias y cada vez más guiado por la practicidad.