Mes de la Herencia Hispana: la mayor cosecha

Brock Nemecek, VP of Client Services, Ten Acre Marketing

Artículo cortesía de Brock Nemecek.
El Mes de la Herencia Hispana me recuerda que algunas de las lecciones más importantes de la vida comienzan con algo tan común como una familia que se muda a la casa de enfrente.

Yo estaba en cuarto grado cuando Miguel Ortiz y su familia se convirtieron en nuestros nuevos vecinos. Como a la mayoría de los niños, lo que más me interesaba era saber si tenían a alguien de mi edad con quien jugar. Por suerte para mí, así era, y Miguel se convirtió en mi mejor amigo.

Con los años, la familia Ortiz llegó a ser mucho más que nuestros vecinos. Me recibieron en su hogar con una generosidad que, en aquel momento, simplemente acepté como parte de la infancia. En su casa conocí las tortillas hechas a mano, el chorizo y, quizá igual de importante para dos niños de 10 años, la lucha libre de la WWF.

Pero lo que más me marcó no fue la comida, ni siquiera la lucha libre. Fue la familia misma. Abuelos, tías, tíos, primos y amigos se reunían con naturalidad alrededor de la mesa. Las comidas no se trataban solo de comer; se trataban de estar juntos. Cuando surgían dificultades, todos se hacían presentes. Nadie cargaba solo con un problema.

De niño, no lo veía como “cultura mexicana”. Era simplemente la familia Ortiz. Me recibieron como si ese fuera mi lugar y, al hacerlo, ampliaron en silencio mi idea de lo que puede ser una comunidad. Hoy, al mirar atrás, me doy cuenta de que también ampliaron mi manera de entender a Estados Unidos.

El Mes de la Herencia Hispana y una industria que me devolvió esos recuerdos

Cada Mes de la Herencia Hispana me encuentro pensando en aquella casa. Años después, mi carrera me llevó a la industria de productos frescos. A medida que forjaba relaciones en el mundo de los agronegocios, esos recuerdos de la infancia volvieron a resultarme familiares.

Me vi rodeado de personas extraordinarias cuyas historias reflejaban no solo el trabajo duro, sino también un progreso notable de una generación a otra. Pienso en un líder con quien trabajé en la industria de la manzana en el estado de Washington. Sus padres habían cosechado fruta en los huertos. Él llegó a ser ejecutivo de operaciones y ayudó a guiar la adopción de tecnología de vanguardia en una de las plantas de empaque más grandes de la región. Su trabajo mejoró la eficiencia, la calidad y la inocuidad alimentaria, al tiempo que preparó esa operación para el futuro.

Pienso en otro profesional cuya familia también comenzó a trabajar en esos mismos huertos. Dedicó su carrera a la agronomía de campo, colaborando con los productores para mejorar el rendimiento de los huertos y ayudando a impulsar el desarrollo de nuevas variedades de manzana que hoy siguen fortaleciendo a la industria.

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Más allá de la mano de obra

Con demasiada frecuencia, las conversaciones sobre las contribuciones hispanas a la agricultura empiezan y terminan en la mano de obra. Ese trabajo merece un enorme respeto y reconocimiento, pero representa apenas un capítulo de una historia mucho más amplia. En toda nuestra industria hay innovadores, científicos, investigadores, emprendedores, ejecutivos, especialistas en mercadeo, minoristas, expertos en inocuidad alimentaria y dueños de negocios cuyas ideas siguen dando forma al futuro de los productos frescos. La evolución de la agricultura estadounidense no puede contarse sin ellos.

Esa es una de las muchas razones por las que amo esta industria.

El sector de productos frescos no se parece a casi ningún otro negocio. Sí, hablamos de cultivos, mercados, logística, tecnología e inocuidad alimentaria. Pero detrás de todo eso hay relaciones construidas a lo largo de décadas, negocios familiares que se transmiten de una generación a la siguiente y una confianza que no se puede medir en un balance general. Esas cualidades son parte de lo que hace tan especial a esta industria.

Gracias por la cosecha

No escribo esto como experto en la herencia hispana. Lo escribo como alguien cuya vida se ha enriquecido gracias a ella.

De niño, me recibieron en un hogar que amplió mi perspectiva sin que nadie pretendiera darme una lección. Como profesional, he tenido el privilegio de trabajar junto a personas cuya resiliencia, ingenio y liderazgo siguen impulsando la agricultura. Esas experiencias siguen moldeando mi manera de pensar sobre el liderazgo, la comunidad y el éxito.

Eso es lo que el Mes de la Herencia Hispana ha llegado a representar para mí: no solo una celebración de la historia, sino una oportunidad para detenernos a valorar influencias tan entretejidas en nuestras vidas que a veces olvidamos reconocerlas.

Para mí, todo comienza con el recuerdo de un niño que cruza la calle para pasar otra tarde en casa de su mejor amigo. Décadas después, me doy cuenta de que esas lecciones nunca se limitaron a la familia Ortiz. Las he visto reflejadas en mentores, colegas y amigos de toda esta increíble industria.

Por eso, en este Mes de la Herencia Hispana, mi mensaje es sencillo: gracias.

Gracias por abrirnos las puertas de sus hogares. Gracias por compartir sus tradiciones. Gracias por fortalecer a las comunidades. Gracias por construir negocios que siguen impulsando la agricultura.

Y gracias por recordarnos a todos que la mayor cosecha no se mide solo por lo que crece en nuestros campos, sino por las personas cuyas vidas enriquecen a quienes las rodean.