El comprador convencional ya muestra interés por los alimentos hispanos. Los supermercados hispanos que logran captar más de su canasta semanal hacen que la experiencia resulte fácil, segura y divertida, tanto en la tienda física como en línea.
El objetivo no consiste en “americanizar” la experiencia. Por el contrario, se trata de eliminar las fricciones sin perder el alma cultural del formato.
Este enfoque resulta clave en un mercado donde el segmento de alimentos étnicos en Estados Unidos podría más que duplicarse, pasando de $33,700 millones en 2025 a $68,900 millones en 2035, según Future Market Insights.
Empezar en la tienda: experiencia y orientación
Los compradores no hispanos suelen entrar en un supermercado étnico con una misión clara: encontrar uno o dos productos que ya conocen. En el caso de los supermercados hispanos, normalmente buscan tortillas, salsa o alguna salsa picante específica.
Una vez que encuentran esos artículos “seguros”, muchos abandonan la tienda. Sin embargo, los datos del sector minorista muestran que estas categorías impulsan el crecimiento incremental de la canasta en todos los grupos demográficos.
Para aumentar la participación del gasto, la tienda debe invitarlos a recorrer más pasillos mediante acciones concretas:
- Utilizar señalización bilingüe y clara, con un lenguaje sencillo que explique los departamentos, los mostradores de servicio y las categorías clave. Mensajes como “Tortillas frescas hechas a diario” o “Comidas rápidas entre semana” facilitan la experiencia. NielsenIQ indica que casi la mitad de los adultos en EE. UU. compraría más en tiendas con mayor oferta multicultural.
- Colocar productos “puente” en la entrada y en los pasillos de alto tráfico. Totopos con salsa, aguas frescas, snacks de plátano o comidas congeladas conectan las ocasiones de consumo familiares con productos hispanos. Este enfoque refleja cómo los supermercados convencionales amplían sus surtidos multiculturales.
- Invertir en una atención al cliente visible, con personal que pueda responder en inglés preguntas como “¿qué preparo con esto?”. Una iluminación clara y anaqueles organizados de manera familiar también ayudan a que los compradores se sientan cómodos sin restar protagonismo a los mostradores especializados.
Un ejemplo práctico consiste en crear una cabecera de “Noche de tacos los martes”. Colocar conchas, tortillas, carnes sazonadas, pico de gallo preparado, lechuga rallada y bebidas cerca de la entrada permite que incluso un visitante primerizo arme una comida completa en una sola parada.
Comercialización que elimina el misterio
Los consumidores multiculturales ya influyen en los sabores, los ingredientes y los formatos. Al mismo tiempo, muchos hogares no hispanos adoptan sabores globales por su variedad, autenticidad y sentido de aventura.
Los supermercados hispanos pueden aprovechar esta curiosidad mediante estrategias de exhibición más claras.
- Integrar categorías clave más allá de un solo pasillo “étnico”. Cruzar tortillas, salsas y quesos con carnes, lácteos y snacks de consumo general ayuda a mostrar cómo estos productos se integran en comidas cotidianas.
- Utilizar habladores y tarjetas de recetas como “Guacamole de tres ingredientes” o “Fajitas al horno”. Estas herramientas traducen ingredientes desconocidos en ideas prácticas de cocina. NielsenIQ señala que los compradores multiculturales destinan el 21% de su gasto anual en alimentos a productos frescos.
- Destacar marcas propias que transmitan autenticidad y valor. Varias cadenas tradicionales ya lanzan líneas privadas de inspiración hispana para cubrir vacíos en el surtido multicultural.
Conviene pensar el surtido como una serie de “rampas de entrada”. Los productos familiares pueden introducir sabores auténticos en una canasta completa y elevar el valor total de cada visita.
Artículo Relacionado: El futuro del retail hispano
Promociones y precios que comuniquen valor cotidiano
Los compradores no hispanos difícilmente trasladarán más de su presupuesto a los supermercados hispanos si la relación precio-valor no resulta clara, predecible y consistente.
Aunque muchos consumidores aceptan pagar más por sabores globales, siguen vigilando el gasto total de cada compra.
Algunas prácticas clave incluyen:
- Posicionar básicos hispanos como tortillas y salsas —muy demandados por compradores no hispanos— bajo esquemas EDLP o mediante promociones frecuentes para reforzar la percepción de valor.
- Utilizar un lenguaje promocional simple y bilingüe, vinculado a ocasiones comunes en EE. UU., como días de partido, loncheras escolares o temporada de parrilladas.
Además, la transparencia de precios ayuda a que estos hogares consideren la tienda como su supermercado principal y no solo como un destino ocasional.
Eventos en tienda y “retailtainment”
La experiencia en tienda se ha convertido en un motor comprobado de crecimiento para los supermercados especializados y multiculturales. Cada vez más consumidores perciben estos formatos como parte del comercio minorista convencional.
Degustaciones, demostraciones culinarias y eventos vinculados a momentos culturales o deportivos generan interés y atraen nuevos visitantes.
Asimismo, las apps de lealtad que recompensan las compras frecuentes ayudan a los supermercados hispanos a aumentar la frecuencia de visita y el ticket promedio.
Redes sociales como puente
Las redes sociales aceleran la difusión de tendencias culinarias, y los alimentos multiculturales suelen ocupar el centro de esa conversación.
Future Market Insights proyecta que la demanda de comida étnica en Estados Unidos crecerá alrededor de 7.4% anual hasta 2035. Por ello, el descubrimiento digital resulta cada vez más importante.
Los supermercados hispanos pueden comenzar con videos cortos en Instagram, TikTok y Facebook que expliquen “cómo usar” productos destacados o presenten paquetes semanales de comidas. Colaborar con creadores locales, tanto hispanos como no hispanos, amplía el alcance de estas iniciativas.
Además, facilitar el canje de ofertas digitales en tienda fortalece la conexión entre la inspiración online y el anaquel físico.
A medida que los consumidores multiculturales continúan superando en gasto en productos frescos a los hogares blancos no hispanos, muchos de estos últimos siguen su ejemplo y exploran sabores globales.
Para los supermercados hispanos, la oportunidad resulta evidente: capturar una mayor parte de esa canasta creciente mediante credibilidad cultural y experiencias de compra familiares, fluidas y atractivas en tienda, en el anaquel, en la promoción y en las redes sociales.

